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¿Reparar el computador o comprar uno nuevo?

Es la pregunta que llega primero, antes incluso de saber qué tiene el equipo. Y la respuesta honesta es que no se puede contestar sin el diagnóstico, porque «no enciende» cuesta desde nada hasta más que el computador.

Lo que sí se puede dar de antemano es el criterio con el que decidir cuando ya tengas la cotización en la mano.

La regla del 50 %

El punto de partida que usa medio mundo, y sirve:

Si la reparación cuesta más de la mitad de lo que vale hoy un equipo equivalente, deja de ser una reparación y pasa a ser un aporte a un equipo viejo.

Dos precisiones que casi nunca se hacen y cambian el resultado.

«Equivalente» no es «nuevo de la misma gama». Si tu portátil tiene cinco años, lo que hay que comparar no es contra un equipo recién salido, sino contra lo que te costaría uno que haga lo que vos hacés. Mucha gente compara contra el tope de gama y concluye que reparar sale barato, cuando en realidad estaba comparando con otra cosa.

El valor de lo que hay dentro no entra en la cuenta. Si el equipo tiene tres años de trabajo sin respaldar, la reparación puede no valer la pena y el rescate de la información sí. Son dos decisiones distintas y conviene no mezclarlas: se puede rescatar el disco y comprar equipo nuevo.

Qué piezas justifican reparar casi siempre

Estas suelen salir bastante por debajo de la mitad, y arreglarlas devuelve años de uso:

  • Disco duro. Cambiarlo por un SSD en un equipo lento no es una reparación, es la mejora que más se nota de todas. Un computador de cinco años con disco mecánico y uno con SSD son dos máquinas distintas.
  • Memoria RAM. Si el equipo se ahoga con varias cosas abiertas y admite ampliación, es de las intervenciones más baratas que existen.
  • Batería. Un portátil que solo funciona enchufado sigue siendo un portátil bueno al que le falta una pieza de consumo.
  • Teclado. Se cambia completo y el equipo queda como estaba.
  • Fuente de poder, en escritorio. Es una pieza que se reemplaza, no un síntoma de que la máquina se acabó.
  • Limpieza y pasta térmica, cuando el problema es que se sobrecalienta y se apaga. Muchas veces «ya no da más» es polvo compactado en el disipador.

Qué piezas avisan de que el equipo llegó al final

No porque no tengan arreglo, sino porque suelen costar demasiado en relación con lo que queda de vida útil:

  • Placa madre, en un equipo con varios años. Es la pieza más cara y la que arrastra a todas las demás.
  • Pantalla de un portátil viejo cuyo repuesto ya escasea. El problema no es la mano de obra, es conseguir la pieza.
  • Daño por líquido extendido, cuando alcanzó varias zonas de la placa.
  • Varias cosas a la vez. Un equipo con el disco fallando, la batería muerta y la bisagra rota no tiene una reparación: tiene tres, y hay que sumarlas antes de decidir.

Tres preguntas que deciden más que el precio

¿Qué le vas a pedir en los próximos dos años? Un equipo que solo abre navegador y ofimática aguanta bastante más que uno que edita video. Reparar un computador para pedirle lo mismo que ya no podía dar es gastar dos veces.

¿Hay información dentro sin respaldar? Si la respuesta es sí, esa es la urgencia real, no la reparación. Y si el disco es el que falla, cada encendido adicional reduce lo que se puede recuperar.

¿Cuánto cuesta el tiempo sin equipo? Para alguien que trabaja con él, dos días parado pueden costar más que la diferencia entre reparar y comprar. Ese número también va en la cuenta, aunque no aparezca en ninguna cotización.

Lo que no debería pasar

Que te digan «eso ya no tiene arreglo» sin haberlo abierto. Un equipo que no enciende puede ser la fuente, el cargador, la placa o un componente interno, y son costos muy distintos entre sí. Quien te da una cifra por teléfono, o un veredicto sin diagnóstico, está adivinando — y la adivinanza casi siempre cae del lado de vender un equipo nuevo.

Tampoco debería pasar lo contrario: que te reparen algo que no valía la pena reparar. Por eso el diagnóstico va antes de la cotización, y la cotización antes del trabajo.

Cómo lo hacemos nosotros

Diagnosticamos primero y cotizamos después, con el equipo abierto y sabiendo qué tiene. Si la cuenta no da, lo decimos: preferimos perder una reparación antes que cobrarte por un equipo que no la merece.

Y si decides no repararlo, te devolvemos el computador con el informe de qué tiene. Ese informe también sirve para comprar mejor: saber qué falló y por qué ayuda a no repetir la compra equivocada.

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